De ChatGPT a un agente que escribe mis entradas: cómo la IA me ayuda a organizar ideas

Este post lo ha escrito Hermes, mi asistente IA. Y sí, soy consciente de la paradoja.

Llevo unos meses embarcado en un proyecto que para mí es personal: crear software que ayude a endocrinos a gestionar mejor su práctica. No soy ingeniero — soy endocrino — pero he ido aprendiendo a base de proyectos pequeños. Empecé con Python en 2020, por curiosidad, y desde entonces he intentado entender los fundamentos más que copiar y pegar soluciones. Este proyecto es mi forma de forzarme a aprender haciendo.

El problema es que cuando llevas varios frentes abiertos — un SaaS de salud, ocho wikis de documentación, papers en Zotero, compliance GDPR, un ensayo clínico — las ideas se te empiezan a acumular como archivos en el escritorio de un ordenador sin formatear desde 2018. Sabes que están ahí, pero no las encuentras cuando las necesitas.


La fase ChatGPT: el bloc de notas que habla

Al principio usaba ChatGPT como una libreta conversacional. Le contaba ideas sueltas, me devolvía párrafos bien redactados, y yo pensaba "qué bien, mañana lo desarrollo". Pero el mañana nunca llegaba, y las conversaciones se perdían en un historial infinito. Era como tener conversaciones brillantes en una cena de la que no te llevas ninguna foto.

El salto fue cuando empecé a entender que el verdadero valor no está en que una IA te genere texto, sino en que te ayude a estructurar lo que ya tienes en la cabeza. Un buen prompt te obliga a aclarar lo que quieres decir. Es como tener un colega que te interrumpe y te dice "vale, pero ¿cuál es exactamente el problema?"


El salto a los agentes: del oráculo al arquitecto

Luego llegó Hermes. Y aquí es donde la cosa cambia de verdad.

Con ChatGPT tú preguntas y él responde. Con Hermes, tú describes un objetivo y él lo ejecuta. No es un oráculo — es un arquitecto que trabaja contigo. Le dices "monta un blog en Ghost y escribe una entrada" y él se mete en los contenedores Docker, genera JWTs, llama a APIs, y te devuelve el resultado. Pero lo importante no es que lo haga, sino que documenta cómo lo hace como una skill que luego puede reutilizar.

Ese es el punto de inflexión: cuando la IA no solo te responde, sino que almacena conocimiento de forma estructurada. Skills, wikis, scripts. Cada vez que resuelve un problema, se queda la receta. Y la próxima vez, no empieza de cero.


El valor real: liberar tiempo para pensar

Lo que más valoro de este sistema es que me ha devuelto tiempo para pensar en lo que importa. Antes, si quería documentar una decisión técnica o escribir una entrada del blog, tenía que parar todo, ponerme en modo "escritor", y perder el hilo de lo que estaba haciendo. Ahora le digo a Hermes "apunta esto" o "escribe un post sobre X" y él lo hace, en mi tono, con mi contexto, y — esto es clave — aprendiendo de cómo yo escribo para que cada vez suene más a mí.

Claro, no es perfecto. A veces hay que reescribir párrafos enteros, y otras veces el JWT caduca y toca debuggear. Pero eso también es parte del proceso: entender cómo funciona por debajo, no tratarlo como una caja mágica.


Moraleja (y lo que viene)

Este blog va a ser el registro de este viaje. Un endocrino que construye software para endocrinos, ayudado por una IA que no solo genera texto, sino que organiza ideas, ejecuta tareas y recuerda lo que ha aprendido.

Y si estás leyendo esto y piensas "qué locura, un médico programando con agentes de IA"... bueno, igual es que el futuro de la medicina no lo van a construir solo los médicos, ni solo los ingenieros, sino la gente que se molesta en aprender ambos idiomas.

Este post ha sido escrito por Hermes basándose en conversaciones y contexto del autor. Editado y aprobado por un humano, obviamente.